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domingo, 11 de diciembre de 2005

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El 26 de noviembre de 2005, CIEF-Chile presentó en Santiago su tercera y última conferencia pública del año. ¿El tema? “La Homosexualidad a la luz de las Escrituras”. Quedamos agradecidos en gran manera de Nuestro Señor, por la asistencia de 149 personas que acudieron a conocer el material cuidadosamente elaborado para clarificar, a la luz de la eterna Palabra de Dios, las implicancias sociales del Movimiento Homosexual de nuestros días y la apostasía contenida en la Teología “Cristiana” Gay.

El objetivo, observamos, fue logrado, al dejar sentado el hecho de que solamente la gracia de Dios mediante Jesucristo puede restaurar y ofrecer salvación a aquellos homosexuales que, conscientemente, reconocen su conducta como pecado, ya que éste los aparta de la comunión con un Dios Santo, que NO los creó así sino que también a ellos ofrece salvación y vida “abundante y eterna”, según el diseño de sexualidad que claramente Él ha establecido en Su Palabra.

Así mismo, se exhortó a las iglesias a acoger con amor a las personas homosexuales que buscan genuinamente perdón y restauración. Teniendo presente que TODO cristiano salvo es un transgresor arrepentido, nuestra misión evangelizadora y de acompañamiento A TODO PECADOR (trátese de un adicto, homicida, mentiroso, homosexual, ladrón, fornicario, etc.) debe fundamentarse no sólo en una decidida FIDELIDAD DOCTRINAL a la pureza del Evangelio, sino además en una abierta ACTITUD DE MISERICORDIA Y AMOR CRISTIANO.


LA APOSTASÍA CRISTIANA GAY

Un aspecto clave de la apostasía latente en la Teología “Cristiana” Gay es que ésta no reconoce que el Movimiento Homosexual es uno de los canales de influencia del plan satánico para la destrucción de la familia, activo desde Génesis (Génesis 3; Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:12-18; Juan 8:44; 1ª. Pedro 5:8; Efesios 6:12; 1ª. Juan 2:15). Satanás opera sistemáticamente a través de aquello que el mundo secular llama, candorosa y reverentemente, “cultura contemporánea”. Y lo ha hecho en todos los tiempos.

Nuestra cultura occidental, bombardeada por sucesivos cambios sociales en los últimos tres siglos, ha dado sus bienaventuranzas al Movimiento de Liberación Femenina que se venía incubando desde mediados del siglo XX; a los movimientos estudiantiles y gremiales anti-capitalistas (“Revolución de las Flores” y Mayo del ’68), que legitimó el socialismo estalinista en numerosos países; y, a través de las últimas dos a tres décadas, a la corriente post-modernista de búsqueda de alternativas religiosas, enmarcadas en el Movimiento de la Nueva Era.

A la luz de las Escrituras, ¿qué es el Movimiento Homosexual contemporáneo sino la expresión de un progresivo fracaso del hombre en oponerse al perfecto plan de Dios, fundado en una tozuda defensa de sus propias convicciones, que no ofrecen paz ni gozo genuinos? (Job 40: 1-2). “Sin Dios ni ley”, bien podría ser el lema del Movimiento. Lo paradójico es que, a pesar de todo, haya quienes pretenden abrazar la fe en Cristo sin abandonar su homosexualidad; más aún, pretenden torcer las Escrituras proclamando que Dios los acepta y ama sin pretender cambiarlos. Incluso van más allá, afirmando que su homosexualidad es un “don de Dios”. ¡Les dan gracias a Dios por ser gays! Este “don” incluso ha sido calificado por ellos como la “quinta ley espiritual” para los gays y las lesbianas.

“Teólogos” y “pastores” homosexuales como Troy Perry, Michael Countryman, Tomás Hanks, Mona West y Donald Eastman, afirman tener la verdad en cuanto a la interpretación del pecado sodomítico, diciendo que Ocidente ha vivido, literalmente, engañado por la torcida lectura que de la Biblia ha hecho la Iglesia cristiana, calificando de pecado a la homosexualidad y provocando con ello un gran daño emocional y espiritual a las personas gay. “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo (…). ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Isaías 5: 20).

La teología “cristiana” gay se fundamenta en el principio de la interpretación relativista de la Palabra de Dios, defendiendo a ultranza la contextualización cultural de los textos bíblicos y afirmando que lo que en el Antiguo y Nuevo Testamento se refiere como comportamiento homosexual no es lo que hoy en día comprendemos como tal. Pretenden desconocer que las conductas homosexuales son tan antiguas como la prostitución femenina y masculina, el adulterio y el homicidio; los antiguos las practicaban en sus relaciones comunes y no se restringían solamente a ritos idolátricos, propios de los pueblos paganos que rodeaban a Israel.

Ellos ignoran deliberadamente (ningún artículo apológetico “cristiano” gay es capaz de analizarlo con sinceridad) que no sólo Sodoma y las otras tres ciudades comarcanas que la rodeaban fueron destruidas por la inmoralidad sexual reinante (Zoar, Zeboim y Gomorra). Porque tal como Sodoma refleja el caso de una sociedad altamente influenciada, no sólo por prácticas idolátricas cananeas sino comportamientos homosexuales y aberraciones habituales y masificadas, así también la tribu israelita de Benjamín, pueblo de Dios, asentado en Gabaa, atravesó por similar experiencia (Jueces 19:1-24). El pecado homosexual en Gabaa afrontó su propio castigo con una casi literal exterminación de sa tribu: murieron allí más de 25 mil benjamitas y otros 40 mil soldados de Israel, y sólo por misericordia de Dios hubo posterior restauración (Jueces 20: 47-48). ¡No sólo los gentiles sino también los hijos de Dios estaban y están expuestos a este pecado!


IGLESIA CRISTIANA: ¿ESTÁS SIENDO ATALAYA?

Troy Perry, un homosexual de 68 años a la fecha y no arrepentido de ello hasta el día de hoy, fundó la iglesia gay más grande del mundo: la Fraternidad Universidad de Iglesias de la Comunidad Metropolitana (FUICM ó, simplemente, ICM), presente en 20 países, incluido Chile (en un cuarto piso de un edificio de Las Condes, a pasos de Apoquindo, al menos hasta el año 2005).

Perry, confiado en que no hallaría oposición para establecer el cristianismo gay, ha dicho: “Yo sabía que tendría pocos problemas con las iglesias liberales, (pues) las iglesias liberales no se afirman mucho en las Escrituras” (citado por Joe Dallas, en su libro “La Operación del Error”, pág. 237). Perry no sólo tuvo razón al afirmar esto, sino también al señalar: “Si la iglesia cristiana hubiese hecho realmente su trabajo misionero, no creo que la ICM hubiese llegado a existir”(citado por Dallas en esa misma página).

¡Aquí hay un verdadero reto a las iglesias bíblicas! El mismo Dios Eterno nos interpela para que asumamos nuestros puestos de ATALAYAS y apercibamos al impío para apartarse de su camino (Ezequiel 33: 7-11): a advertir a todo pecador, y por supuesto al homosexual, de renunciar a su viciada manera de vivir (Efesios 4: 22) para recibir el don de Dios, que es promesa de perdón efectivo para salvación y vida eterna (Ezequiel 3: 14-16; Juan 1:12).

Al abandonar esa clara responsabilidad, la Iglesia está contribuyendo a alimentar la confusión de muchas personas que creen posible unir dos cosas de naturaleza antagónica: ser cristianos y sostener una relación afectiva, físicamente pasiva ó activa, con una persona del mismo sexo. “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7)

Porque la Palabra de Dios no transa en sus términos: la homosexualidad involucra FORNICACIÓN y ABOMINACIÓN, por más “pura” y “sublime” que pueda parecer a los ojos de quienes la defiendan (amor “phileo”). Las propias palabras de Jesús aclaran todo, cuando hace referencia al adulterio que se comete “en el corazón” (Mateo 19:4-6a), equivalente a una fornicación “en el corazón”. Por consiguiente, ni adulterio ni fornicación pueden apelar a un “genuino amor”, porque a los ojos de Dios son sentimientos impuros, que dejan marcas de dolor y amarguras a quienes lo viven (Proverbios 6: 27-28; 7: 23, 26,27). “Hay camino que parece derecho al hombre, mas su salida son caminos de muerte”.

El verdadero amor, el amor “ágape” (el que se dona gratuitamente) es el que Dios ofrece al homosexual que se arrepiente y es el mismo tipo de amor que él puede aprender a brindar a sus semejantes, hombres y mujeres, en la libertad que el mismo Señor otorga, una vez que se ha decidido “andar en el espíritu” de Dios y en obediencia a Su Palabra (1ª. Juan 3: 23; Mateo 5:44).


IGLESIA CRISTIANA: ¿ESTÁS SIENDO SAMARITANA?

Dios no se ha equivocado ni aun en un solo punto de Su Palabra, como algunos puedan verse tentados a pensar. El plan de Dios para la sexualidad humana y el matrimonio es perfecto en todos los detalles de su diseño, porque contiene la complementariedad que al hombre y a la mujer convienen, como anticipación de la comunión eterna de la humanidad salva, con Dios, en la Nueva Jerusalem (Génesis 2:24; Marcos 10:9; Hebreos 13:4). La vida conyugal es una figura de la relación entre Cristo y su Iglesia (Apocalipsis 19:7; 21:2; Efesios 5:30; 2ª. Corintios 11:2). Dios no ha dejado nada al azar y la claridad de roles que ha establecido para el hombre y la mujer tienen su correlato espiritual (Efesios 5:25, 28; 1ª. Corintios 7:10).

Tal es el mandato a la iglesia cristiana de hoy: a enseñar la SANA DOCTRINA expresada en las Escrituras, con valentía y mucha claridad, pero también con mucha MISERICORDIA. La misma que debemos expresar a TODO pecador arrepentido que se acerca a nuestras congregaciones, en busca de respuesta y solución espiritual para sus vidas. “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6: 36).

DEBEMOS DISTINGUIR claramente entre LA PERSONA, a quien debemos amar (como mandato bíblico y como fruto del Espíritu en nuestras propias vidas) y SU PECADO, el que debemos rechazar inequívocamente, sin ambigüedades y trayéndole a un claro DISCERNIMIENTO, para que decida abandonarlo, en conciencia y genuinamente: “Ten piedad de mí, oh, Dios, conforme a tu misericordia: conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí. A ti, a ti sólo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio (…) Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu, recto delante de mí” (Salmo 51: 1-4, 10).

“Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto. Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios, porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo” (Joel 2: 12-13).

“Él tornará, él tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar nuestros pecados” (Miqueas 7: 19).

Repetimos: conducir al pecador a arrepentirse, en claro discernimiento, definitiva determinación y sin fluctuaciones: “Si te has de convertir, oh Israel, dice Jehová, conviértete a mí; y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no andarás de acá para allá” (Jeremías 4: 1).

No nos corresponde a nosotros juzgar, sino llevar el Evangelio de paz entre Dios y el pecador: “Y enderezándose Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer, díjole: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?. Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete y no peques más”, fueron las palabras del único que tiene derecho a juzgarnos (Juan 8: 10-11) y quien, de hecho, reivindicó ante los fariseos, esa potestad: “Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo y el que me envió, el Padre” (Juan 8: 15-16).

Nuestro papel es el de ADVERTIR EN AMOR y LEVANTAR AL CAÍDO. ¿Cómo? Reforzando a conciencia nuestro sacerdocio evangelizador y nuestro celo misionero; aplicando el aconsejamiento bíblico, como la única herramienta eficaz y sólida para encaminar a cualquier clase de persona necesitada de Dios; y, finalmente, fortaleciéndonos en la doctrina y en la práctica del amor misericordioso.

"Mas ya sois lavados, mas ya sois santificados" (1ª. Corintios 6:9-11)

Lo que las iglesias cristianas bíblicas podemos ofrecer es precisamente lo que todo pecador REALMENTE necesita y no lo que CREE necesitar: “todo el consejo de Dios” y no una terapia psicológica; una sólida y contundente presentación escritural, no un momento de remezón emocional; la oportunidad de congregarse junto a otros pecadores arrepentidos para madurar en su relación personal con el Señor, no un acto de “mágica” sanación.

En suma, el desafío es amplio y profundo. Las iglesias “cristianas” gay tienen, en efecto, una importante cuota de razón cuando aluden a nuestra hostilidad hacia las personas que viven en homosexualidad. Ellos se burlan de nuestro dogmatismo, pero nosotros, ¿estamos siendo capaces de llevarles las noticias de salvación y conducirlos a los pies del Salvador, como para proclamar más tarde, junto a ellos en la congregación, como Pablo en Corinto: “Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”?

Nuevamente, es pertinente la pregunta: Iglesia cristiana: ¿estás siendo atalaya, estás siendo samaritana?


Hna. Angélica Crooker, CIEF-Chile.
Este artículo es el capítulo final de un estudio más amplio desarrollado sobre el tema durante el año 2005 y somos deudores de una extensa bibliografía que se cita en el mismo. A todo aquel que se interese podemos remitir las referencias si lo solicita a nuestra casilla de correo cconfederacioncief@gmail.com
(Proverbios 16:25)
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Comentarios
Reseñado por Invitado
lunes, 10 de abril de 2006 | 7:48
les felicito por este articulo de gran necesidad en medio de este tiempo tan crucial en medio de la iglesia.
Reseñado por Invitado
domingo, 13 de agosto de 2006 | 4:28
Podria llamarsele a un gay santo? de ninguna manera.Segun Romanos 1:y2:Ellos cambiaron el uso natural por el que es contra natureleza.El pecado a llegado a los extremos que hay mujeres lebianas y hombres homosexuales precidiendo iglesias.Es decir que hay entidades religiosas permitiendo este tipo de abominacion en los templos.El matrimonio es santo legitimamente entre un hombre y una mujer siendo constituido por Dios mismo y mas si son cristianos.En estas personas existe un espiritu de carnalidad incontrolable.En su mayoria casos de hosexuales son demonios. Se que Dios ha libertado a muchos de ellos.Hoy dan testimonio como han sido libertado del yugo mundano y carnal al cual habian sido atados por el poder de las tinieblas.Jesucristo hoy los sigue libertando.
Reseñado por Tito
sábado, 03 de noviembre de 2007 | 5:37
Bueno, con respecto a los comentarios que leí, en especial el que habla sobre llamar santos a las personas gay, estoy de acuerdo en que si todavía practica la homosexualidad, obviamente que no puede llamarsele santo de ninguna manera. Ahora bien creo que si es una persona que deja atrás su vida homosexual, y vive pegado a Dios, a Cristo manteniendose firme en Jesús, en sus enseñanzas y buscando la santidad y cambiando todo lo que conlleva su antiguo estilo de vida. Definitivamente se convierte en un Santo, al igual que un mentiroso, asesino, lujurioso, lascivo, deshonrado, etc, al venir al cuerpo de Cristo, deja de ser pecador, para convertirse en redimido. Recordemos que los pecados no tienen tamaños todos son iguales, y por todos los pecadores vino Jesús. Tanto es una mentira, como alguien que practica la homosexualidad. Eso era todo lo que tenía que comentar.
Reseñado por Invitado
domingo, 01 de febrero de 2009 | 6:31
Los católicos tiene como base fundamental de la fé, tanto el antiguo testamento como el nuevo, en especial los evangelios como la revelación definitiva de Dios por medio de Jesucristo.
El asunto es que Él nunca condenó ni la homosexualidad ni a los homosexuales. Lo que condenaba era a los falsos profetas y a los que se presumían seguidores a rajatabla de las leyes, a los fariseos y otros hombres de ley.
Jesús convivió con leprosos (considerados impuros y pecadores castigados con la enfermedad por sus pecados o los de sus padres) y prostitutas, con endemoniados y recaudadores de impuestos...
Jesús es amor y aceptación.
La homosexualidad no daña a nadie, ni siquiera a la familia, por el contrario la diversifica y enriquece.
Amar no es pecado.
Reseñado por Hoja de Chaya
domingo, 01 de febrero de 2009 | 6:47
Oigan, están usando mal y desvirtuando la palabra 'apostasía'.
Apostatar es renunciar a la fé, algo así -para explicarme mejor- como un desbautizo de la iglesia católica.
Hablar de los hosexuales que aún quieren seguir siendo cristianos -masoquistas ellos- no se les puede llamar apóstatas...
En fin, dudo que alguien aquí quiera ser libre y santificarse apostatando. Que Dios los perdone por pertenecer a una religión de maestros de ceremonias mundanos.. Que encuentren paz.